En un principio existió el Innombrable, uno e ilimitado, y a su alrededor, la Nada. Infinito era su ser al igual que su soledad, la cual fue capaz de tolerar por interminables e idénticos eones porque el Innombrable se basta a sí mismo y nada hay que le haga falta para estar completo. Se ha establecido que se sucedieron alrededor de setecientos setenta y siete mil millones de siglos humanos (para el Innombrable, el tiempo no existe: un milenio equivale, en insignificancia, a una milésima de segundo) cuando el Innombrable consideró la creación de los Diez Mil Seres (el Universo). Dicha creación -como ya se ha establecido- no tiene carácter de necesidad, ya que al Innombrable nada le falta, sino que se concibió como un juego para su entretención (de la cual tampoco necesitaba). Aquellos Que Antes Han Nacido han deducido que, antes de este juego, el Innombrable llevó a cabo innumerables otros, cuya naturaleza se ignora. El presente Juego (el Universo), concebido por el Innombrable cuando de su existencia habían transcurrido setecientos setenta y siete mil millones de siglos, según nos han enseñado Aquellos Que Antes Han Nacido es el siguiente: el Innombrable se esconde para así volver a encontrarse. El Innombrable, cansado de su autosuficiencia, pasó de la Unidad a la Multiplicidad, dividiendo su ser, primero en dos (dos veces la esencia del Innombrable), luego, cada uno de esos dos seres se dividió a su vez en dos, quedando así, cuatro seres (cuatro veces la esencia del Innombrable); el proceso siguió de esta forma hasta que, en el inabarcable espacio que en un principio ocupó el Innombrable, quedó un número de seres que se ha considerado como infinito debido a la imposibilidad de comprenderlo: la totalidad de estos seres - cada uno ilusoriamente distinto del otro- es lo que llamamos los Diez Mil Seres (el Universo), que no es más que el mismo Innombrable. En el momento de la división, el Innombrable perdió voluntariamente la conciencia de su condición de único, autosuficiente y creador, por lo que cada uno de sus trozos cree en su falsa individualidad, y el Innombrable juega así a reconocerse a sí mismo en cada trozo del Universo. El humano es el ser más cercano a reconocer la Mentira esencial del Universo y de esta forma reconocerse a sí mismo como el Innombrable. Una vez que dicha conciencia se alcanza, el proceso que sigue se asemeja a la caída de una gota en el mar: la gota es el ser dotado de falsa individualidad, y el mar es el Innombrable, formado por innumerables gotas, o seres que han alcanzado la conciencia. En el momento en que todas las gotas caigan en el mar, el Juego habrá finalizado y el Innombrable volverá a ser uno e ilimitado. Conjeturar sus próximos Juegos (o, como han hecho los Herejes, anhelarlos) está más allá de nuestra capacidad y constituye una falta de respeto hacia el Innombrable.
Traducción parcial de Sri S. Satchidananda del comienzo del Libro Segundo del "Udyasastra" (literalmente "Libro del Amanecer"), tratado anónimo completado, se piensa, en el siglo IX a.C.
2 comentarios:
¿Lo inventaste tú?
shi... jajaja... con harta influencia de hartas cosas, pero sí
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