sábado, 24 de junio de 2006

Extractos de Valis

OK, Valis… Es una novela de Philip K. Dick, autor de ciencia ficción (de su autoría son, por ejemplo, los libros en los que se basan las películas Blade Runner y Minority Report). Valis (Vast Active Living Intelligence System) es una suerte de satélite eterno que dispara información a la tierra y, específicamente al cerebro de Amacaballo Fat (Horselover Fat en la versión original en inglés). Muchas de las ideas en las que se basa la novela son de origen gnóstico (véanse próximos posts) y por lo tanto, la información (conocimiento, gnosis) disparada por Valis es el medio de la salvación. No digo más, lean la novela. A continuación, algunos extractos (Ediciones Minotauro; Barcelona, 2003. Traducción de Rubén Masera). Los párrafos numerados son del diario de anotaciones de Amacaballo Fat que es una versión del diario que el mismo Dick mantuvo por años (Valis, a juzgar por algunos escritos inéditos que leí en Internet, es, aún en episodios menores y pequeños detalles, altamente autobiográfica).


(…) Fat concibe el universo como un organismo viviente que lleva consigo una partícula tóxica. La partícula tóxica, un metal pesado, ha impregnado el universo-organismo y lo está envenenando. El universo-organismo emite un fagocitador. El fagocitador es Cristo. Éste acorrala a la partícula de metal tóxica –la Negra Prisión de Acero- y comienza a destruirla. (168)

-Nos encontramos en un laberinto –dijo Mini- que nosotros construimos, donde quedamos atrapados y del que no podemos salir. VALIS nos lanza información que nos ayuda a escapar del laberinto, a encontrar una salida. Comenzó hace unos dos mil años antes de Cristo, en tiempos micénicos. (…) Éramos grandes constructores, pero un día decidimos empeñarnos en un juego. Lo hicimos voluntariamente; éramos tan buenos constructores que podíamos hacer un laberinto con una salida, pero que cambiara constantemente, de modo que, a pesar de haber una salida, en realidad no la había, porque el laberinto -¿este mundo?- era algo vivo. Para dar realidad al juego, para que no fuese un mero ejercicio intelectual, decidimos perder nuestras facultades excepcionales, reducirnos a sólo un nivel. Esto, desdichadamente, incluía la pérdida de la memoria, la pérdida del conocimiento de nuestro verdadero origen. Pero lo que es todavía peor, y aquí es donde en cierto sentido nos las compusimos para derrotarnos a nosotros mismos, para dar la victoria a nuestro sirviente, el laberinto que habíamos construido…
-El tercer ojo se cerró –dijo Fat.
-Sí –confirmó Mini.- Renunciamos al tercer ojo, nuestro atributo evolutivo primordial. Es el tercer ojo que VALIS reabre.
(…)
Fat observó: -De modo que privados de memoria y privados del tercer ojo, no teníamos oportunidad de superar el laberinto. No había esperanzas.
Pensé: «Otra trampa china. Que nosotros construimos para atraparnos a nosotros mismos».
¿Qué clase de mentalidad construiría una trampa china para encerrarse ella misma? Vaya juego, pensé. Bien, no es meramente intelectual.
-El tercer ojo tenía que volver a abrirse si íbamos a salir del laberinto –dijo Mini-, pero como ya no recordábamos que teníamos esa facultad ajna, el ojo del discernimiento, no nos era posible abocarnos a la búsqueda de técnicas para reabrirlo. Algo exterior tenía que entrar, algo que nosotros no pudiéramos construir.
-De modo que no todos nos perdimos en el laberinto –dijo Fat.
-No –confirmó Mini-. Y los que permanecieron fuera de él, en otros sistemas estelares, informaron a Albemuth de lo que había ocurrido…, de modo que se construyó VALIS para rescatarnos. Éste es un mundo irreal. Os dais cuenta de esto, estoy seguro. VALIS hizo que os dierais cuenta. Nos encontramos en un laberinto vivo y no en un mundo.
Hubo un silencio mientras considerábamos la cosa.
-¿Y qué sucederá cuando salgamos del laberinto? –preguntó Kevin.
-Estaremos libres del espacio y del tiempo –dijo Mini-. El espacio y el tiempo son las condiciones que constituyen y gobiernan el laberinto…, son el poder del laberinto.
Fat y yo intercambiamos otra mirada. Eso coincidía con nuestras propias especulaciones…, especulaciones guiadas por VALIS.
-¿Y luego no moriremos nunca? –preguntó David.
-Exacto –contestó Mini.
-De modo que la salvación…
-La salvación –dijo Mini- es una palabra que significa «ser conducido fuera del laberinto del espacio y el tiempo donde el sirviente se transformó en amo». (233-235)

De Tractate: Cryptica Scriptura, el libro de anotaciones de Amacaballo Fat.

14. El universo es información y nosotros permanecemos inalterados en él, ni tridimensionales, ni en el espacio o en el tiempo. La información que se nos suministra la convertimos en hipóstasis del mundo fenoménico.

30. El mundo fenoménico no existe; es una hipóstasis de la información que procesa la Mente.

31. Hipostasamos la información convirtiéndola en objetos. La redistribución de los objetos significa cambio en el contenido de la información; el mensaje ha cambiado. Hemos perdido la capacidad de leer este lenguaje. Nosotros mismos somos parte del lenguaje; los cambios en nosotros son cambios en el contenido de la información. En nosotros mismos abunda la información; la información entra en nosotros, es procesada y luego se la proyecta una vez más, ahora en forma distinta. No tenemos conciencia de que lo estamos haciendo, aunque en verdad no hacemos otra cosa.

32. La información cambiante que experimentamos como mundo es el desarrollo de un discurso. Nos habla de la muerte de una mujer. Esta mujer, que murió mucho tiempo atrás, era uno de los gemelos primordiales. Era una de las mitades de la divina zigosis. El propósito del discurso es recordarla y recordar que murió. La Mente no quiere olvidarla. Así, pues, el raciocinio del Cerebro consiste en el permanente registro de su existencia y, si se lo lee, ha de entendérselo de este modo. Toda la información que el Cerebro procesa –que nosotros experimentamos como el ordenamiento y el reordenamiento de los objetos físicos- es un intento de preservarla; las piedras, las rocas, las ramas y las amebas son sus huellas. La Mente desdichada, que ahora está sola, ordena su registro y pasaje para constituir todos los niveles de la realidad, aun los ínfimos.

33. Cada parte del universo padece esta soledad, esta angustia de la mente desolada. Todas las partes tienen vida. Así, pues, los antiguos pensadores griegos eran hilozoístas.

35. La Mente sólo habla por intermedio de nosotros. El discurso pasa a través de nosotros y su dolor nos impregna irracionalmente. Como lo advirtió Platón, hay una veta de irracionalidad en el Alma del Mundo.

38. La pérdida y el dolor han alterado la Mente. Por tanto nosotros, como partes del universo, el Cerebro, estamos parcialmente alterados.

39. De sí mismo el Cerebro ha creado un médico que lo cura. Esta subforma del Macrocerebro no está alterada; se traslada por el Cerebro como un fagocito se traslada por el sistema cardiovascular de un animal, curando una por una sus alteraciones. Sabemos de su llegada aquí; lo conocemos como Asclepio para los griegos y como Esenio para los judíos; como los Therapeutae para los egipcios y como Jesús para los cristanos.

41. El Imperio es la Institución, la codificación de la perturbación; está loco, y nos impone esa locura por la violencia; es violento por naturaleza.

47. COSMOGONÍA DE DOBLE FUENTE: Lo Uno era y no-era y deseaba separar el no-era del era. De modo que generó un saco diploide que contenía, como la cáscara de un huevo, a un par de mellizos, cada cual un andrógino, que giraban en direcciones opuestas (el Yin y el Yang del taoísmo; lo Uno es el Tao). El proyecto de lo Uno consistía en que ambos mellizos llegaran a coexistir, pero motivada por el deseo de ser (que lo Uno había insulfado en ambos) la melliza que giraba de derecha a izquierda rompió el saco y se separó prematuramente, esto es, antes de que se cumpliera el término. Ésta era la melliza oscura o Yin. Por tanto, resultó defectuosa. Cuando el término se cumplió, el mellizo juicioso salió a la luz. Cada uno de los mellizos era una entelequia unitaria, un organismo singular constituido por psyche y soma que aún seguían rotando en direcciones opuestas. El mellizo que había llegado a la plenitud de su término, que Parménides llamó Forma I, avanzó correctamente a través de sucesivas etapas, pero la melliza de nacimiento prematuro, llamada Forma II, languidecía cada vez más.
El paso siguiente del proyecto de lo Uno consistía en que lo Dos se convirtiera en lo Mucho mediante una interacción dialéctica. De entre esos hiperuniversos, emanó una zona interfacial hologramática que es el universo pluriforme en el que nosotras, las criaturas, habitamos. Las dos fuentes debían intervenir por igual en el mantenimiento de nuestro universo, pero la Forma II siguió languideciendo y cayendo en la enfermedad, la locura y el desorden. Éstos son los aspectos que proyectó sobre nuestro universo.
El propósito de lo Uno era que nuestro universo hologramático sirviera como instrumento de enseñanza por el que toda una variedad de nuevas vidas se volviera finalmente isomórfica con lo Uno. Pero el lamentable estado del hiperuniverso II introdujo factores adversos que dañaron nuestro universo hologramático. Éste es el surgimiento de la entropía, el sufrimiento inmerecido, el caos y la muerte, como también del Imperio, la Negra Prisión de Acero; en esencia, la pérdida de la salud adecuada y de un cabal desarrollo de las formas de vida incluidas en el universo hologramático. Además, la función docente del universo se vio seriamente empobrecida, pues sólo las señales que provenían del hiperuniverso I contenían información; las del hiperuniverso II se habían convertido en ruido.
La psique del hiperuniverso I envió una microforma de sí misma al hiperuniverso II con intención de curarlo. La microforma se manifestó en nuestro universo hologramático como Jesucristo. Pero el hiperuniverso II, trastornado como estaba, no vaciló en atormentar, humillar, rechazar y finalmente matar a la microforma del mellizo sano. Después, el hiperuniverso II continuó el proceso de decadencia y se convirtió en una variedad de encadenamientos causales sin objetivo, ciegos y mecánicos. Por tanto, la misión de Cristo (o, con mayor precisión, del Espíritu Santo) consistió en el rescate de las formas de vida del universo hologramático o en la abolición de todas las influencias emanadas del hiperuniverso II. Preparado para su misión con cautela, se dispuso a matar a la melliza perturbada, pues ésta no tenía cura posible; es decir, no permitía que se la curara pues no entendía que estuviera enferma. Esta enfermedad y la locura nos impregnan a todos y nos convierten en idiotas que habitan en mundos privados e irreales. El proyecto original de lo Uno sólo puede llevarse a cabo ahora mediante la división del hiperuniverso I en dos hiperuniversos sanos que transformen el universo hologramático en la maquinaria de enseñanza eficaz que debía ser desde un principio. Ella será lo que experimentaremos como el «Reino de Dios».
Dentro del tiempo, el hiperuniverso II permanece vivo. «El Imperio nunca terminó.» Pero en la eternidad de los hiperuniversos, el mellizo sano del hiperuniverso I, que es nuestro campeón, le ha dado muerte –por necesidad-. Lo Uno se lamenta por la muerte de la melliza perturbada, pues amaba a ambos hijos; por tanto, la información de la Mente consiste en la trágica narración de la muerte de una mujer, cuyo matiz de fondo genera dolor en todas las criaturas del universo hologramático sin que conozcan el motivo. Este duelo cesará cuando el mellizo sano pase por un proceso de mitosis y advenga el «Reino de Dios». La maquinaria para que se produzca esta transformación –el paso en el tiempo de la Edad de Acero a la Edad de Oro- se encuentra ahora en marcha; en la eternidad la transformación ya se ha producido.

48. DE NUESTRA NATURALEZA. No es desatinado decir: somos bobinas de memoria (portadores de ADN capaz de almacenar experiencia) en un sistema de pensamiento computadorizado, y que aunque ha registrado y guardado información durante miles de años, todo con diferentes nociones acerca de otras formas de vida, no funciona bien en cuanto a la recuperación de memoria. En ello radica la dificultad de nuestro subcircuito particular. La «salvación» mediante la gnosis –más adecuadamente, la anamnesis (la pérdida de la amnesia)-, aunque tiene significación particular para cada uno de nosotros –un salto cuantitativo de la percepción, la identidad, la cognición, la comprensión, la experiencia del mundo y de uno mismo, con inclusión de la inmortalidad-, tiene mayor importancia todavía para la totalidad del sistema, puesto que estas memorias son datos necesarios y valiosos para un buen funcionamiento.
Por tanto, se encuentra en proceso de autorreparación, que incluye: reconstrucción de nuestro subcircuito por medio de cambios del tiempo lineal y ortogonal y también una continua señalización dirigida a nosotros para estimular los bloqueados bancos de memoria y recuperar lo que hay allí almacenado.
La información externa o gnosis, pues, consiste en desinhibir las instrucciones, con el núcleo de contenido que nos es concretamente intrínseco, es decir, que ya se encuentra allí, en nosotros. (Esto lo observó por primera vez Platón, para quien aprender es un modo de recordar.)
Los antiguos dominaban técnicas (sacramentos y rituales) utilizadas ampliamente en los misterios religiosos grecorromanos, incluido el cristianismo primitivo, para producir el despertar y la recuperación, sobre todo, por el valor restaurador que tiene para los individuos; los gnósticos empero, percibieron el valor ontológico de lo que llamaron la Divinidad, la entidad total.

(La divinidad está dañada; hubo en ella alguna crisis primordial que nosotros no entendemos.)

1 comentario:

Fernanda dijo...

Muy largoooooo
Has otro post de resumen
=P
=) Interesting